Mi cuerpo está duro, como oxidado. Mi cabeza no para de pensar, me duele. Duele todos los días. Me es complicado dimensionar qué va a pasar ¿hay una forma de actuar como especie humana? Esto nos afecta a todas, sí. Pero hay gente a quien esto le afecta más: quienes viven al día, quienes dependen del turismo para llevarse el pan a la boca, países, regiones enteras del planeta no puede quedarse en casa y solo esperar. Esperar con el cuerpo oxidado y con dolor de cabeza. No pueden parar, pero tampoco pueden salir.

El hambre es lo que aquí preocupa, el hambre es lo que al final de cuentas mueve a las masas, el hambre es lo que hizo que en octubre de 2018 salieran miles y miles de personas hondureñas, salvadoreñas y guatemaltecas en una caravana que atravesó México. El hambre, mueve al humano. Si no comes, mueres. Detenernos en pensar el hambre, la comida, una necesidad fisiológica de todas, las seres humanas. Un problema del mundo moderno, global, neoliberal. Un problema que se resolvería si cada una comiera solo lo que necesita.

El COVID-19 ha traído muchas más muertes de las que estamos acostumbrados a saber, algo invisible para nuestros humanos ojos nos está matando. Pero también nos está matando el hambre, y desde hace años. La histórica paradoja: donde hay plantíos llenos de frutas y verduras, no hay que comer, donde hay presas y ríos, no hay que beber, donde hay minas con gases y minerales, no hay riquezas.

No es casualidad, se lo llevan, lo arrancan de las tierras fértiles y de las aguas transparentes, y nos dejan con nada más que hambre. Se avecinan tiempos difíciles que nos toman desde nuestras contradicciones corporales. A mí me cuesta trabajo entender el sentir. Sentir que en tiempos de crisis quieres estar cerca de quienes amas, cerca de esas y de esos que te mueven lo que hay dentro del cuerpo y hacen que ese cuerpo se mueva. Querernos, abrazarnos, incorporarnos. Pero ahora toca estar lejos desde los cuerpos, y quienes podemos quedarnos en casa, con el cuerpo oxidado y dolor de cabeza, quizá debamos aprender a incorporarnos desde otros lugares, desde las palabras, las letras, desde los abrazos cibernéticos y las videollamadas.

 

* Todos los textos parte de ‘Relatos de cuarentena’ se realizaron como ejercicio de cierre en el Seminario de Sociología de nuestra vagina ilustradísima Marian en Ciudad de México. La autora ha preferido firmar como anónima.

** Las fotografías son de nuestro Archivo – Cuarentena- 2020 – Cdmx

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