Chimamanda reforzó nuestro plan: el feminismo será antirracista o no será

Chimamanda Ngozi Adichie mujer, negra, feminista y escritora llegó a Chile un día después del II Encuentro Plurinacional de las que luchan. Su visita a Santiago, fue para mí, el último párrafo de la historia que empecé a vivir en octubre del año 2014, cuando la conocí leyendo Americanah, una novela sobre el amor, la raza y el pelo afro. La portada me cautivó de inmediato, tres palabras directas a la mente y al corazón: amor, raza y pelo afro. Hasta ese entonces nunca había hablado con otra mujer sobre el cabello tipo 3C o 4A (Sí, tenemos tipos de afro y si buscan podrán enterarse de lo fundamental que es en la cultura negra). Entonces mi primera “conversación” sobre las experiencias que vivo con mi pelo fueron con Chimamanda. En verdad es porque vivo la literatura como si fuese una conversación con la autora o autor, una experiencia de vida distinta o parecida a la mía, o de un lugar totalmente alejado de Chiloé, mi tierra natal, como es el caso de Nigeria u otros tantos. 

Además de leer a Chimamanda, el 2014 abandoné el periodismo institucional y me convertí en bibliotecaria: los libros son una de las cosas que más amo. El verano anterior había leído  Intrusas en Estocolmo, una recopilación de los discursos de las trece mujeres que hasta ese entonces habían recibido el Nobel de Literatura. Y allí caí en la cuenta que había leído más hombres que mujeres, entonces comencé mi campaña por leer a todos esas laureadas. Doris Lessing y Toni Morrison me volaron la cabeza. Seguí leyendo a hombres, a mujeres blancas, a mujeres negras, etc. Chimamanda lo dijo en su charla de Congreso Futuro: “Está documentado que los hombres leen hombres y las mujeres leen hombres y mujeres. Si los hombres leyeran a mujeres, estoy segura de que hasta bajarían los niveles de violencia de género, que hoy se ha convertido en una epidemia”[1]. Amé ese comentario, porque pensé: si las mujeres leyeran no solo a mujeres blancas, quizás bajarían los índices de racismo, y juntas podríamos quebrar la estructura racista y patriarcal.

Chimamanda me abrió la puerta a la literatura de Nigeria, a hablar de la representación porque tal como ella dice, obvio que cuando niña jamás leí un libro con una protagonista negra. Después de leer Medio sol Amarillo, La Flor púrpura y Algo alrededor de tu cuello, leí la Trilogía africana de Chinua Achebe y varios de sus artículos en los que critica a Joseph Conrad por racista. La cosa fue fácil, de pronto tuve una época en la que leí solo a personas negras. Era muy simple porque allí me  veía representada y me parecía insólito leer las experiencias racistas que he experimentado en Zadie Smith, Zora Neale Hurston, Alice Walker, James Baldwin, Taiye Selasi, Yaa Gyasi, Victoria Santa Cruz, Mayra Santos Febres, las biografías de Angela Davis y Malcolm X, Binyavanga Wainaina, Maya Angelou, Richard Wright, Jamaica Kincaid, Edwidge Danticat, Évelyn Troulliot, Audre Lorde, bell hooks, Patricia Hill Collins… Sí, Chimamanda es muy importante en mis lecturas y en mi activismo.

El 2016 dos años después de leerla, los libros ya no eran suficiente y necesitaba compartir con otras mujeres negras, conversar, activar, articular, escuchar, aprender. Así llegué a la colectiva Microsesiones Negras que, entre otras cosas, me permitió conocer por primera vez a mujeres afrochilenas como yo, allí  supe que hemos vivido las mismas situaciones racistas desde que somos niñas. 

Antes del II Encuentro Plurinacional de las que luchan nos unimos con  Negrocentricxs, y con otras mujeres negras autoconvocadas. Nuestro objetivo  es claro: instalar en el discurso feminista el antirracismo. Y creo que lo logramos con éxito: estuvimos presentes en la organización del encuentro, en la inauguración gritamos la alerta antirracista, construimos el eje sobre la temática, armamos instalaciones para decirles a las mujeres que patriarcado y racismo son dos patas de una misma mesa. Nosotras necesitamos que se entienda que el antirracismo es antipatriarcal y viceversa. El feminismo será antirracista o no será. 

Entonces, terminar el Encuentro y al día siguiente tener a Chimamanda en el país señalando en Congreso Futuro el mismo ejemplo para las situaciones de machismo y racismo, es un espaldarazo a nuestra lucha. Dijo que si alguien señala una experiencia machista o racista recibe las mismas preguntas de vuelta: “¿Estás segura?, ¿No estarás siendo muy sensible?”. ¡Y qué rabia da escuchar esos comentarios ¿cierto?!

Hubo críticas a su visita: que llegó tarde, que citó a Neruda, que habló poco, que dijo lo mismo que en sus charlas TED. Y aquí me tomo la licencia de hablar por mis compañeras. Para nosotras su visita y su relación entre raza, género y clase fue fundamental. Es un apoyo a nuestra lucha feminista y antirracista. Es importante decir que Chimamanda estaba enferma. El tiempo de su charla estaba programado desde antes. Podría haber citado a la Mistral, pero ¿han leído ese texto absolutamente racista en donde critica a la activista negra Josephine Baker? Reitero, su visita a Chile marcará nuestra lucha el 2020. 

Además, en la tarde Paola Palacios de Negrocentricxs y yo de Microsesiones Negras, asistimos a la reunión que sostuvo con cerca de veinte feministas, donde señaló que su carrera como escritora estaba bastante bien, pero que a veces como feminista perdía la fuerza y que escucharnos, la ayudaba a seguir en esta lucha. De esa forma escuchó distintas experiencias: cómo se desarrolló el feminismo en dictadura, en la transición, sobre la ley de acoso callejero, sobre la lucha de las personas trans, de las mujeres con cáncer de mama, etc. Nosotras le contamos lo racista que es Chile y para ejemplificar nombramos los asesinatos de Joan Florvil, Rebeka Pierre, Monise Joseph, Delicienne Sajuste y Gertrudis Martinez. Le contamos de nuestro trabajo para instalar el antirracismo en el feminismo, de la invisibilización del pueblo afrochileno, que no estamos consideradas dentro de la paridad, que necesitamos una ley que penalice el racismo y Paola le preguntó qué podíamos hacer para que las mujeres blancas dejaran de ser racistas. Su respuesta jamás se me olvidará porque de manera inmediata dijo: ¡sacudirlas! Me reí y mientras la traducían imaginé sacudiendo a varias a través de las palabras, no físicamente. 

Hago otro paréntesis aquí. Luego de la visita de Chimamanda me escribió una mujer mestiza que conocí hace un tiempo: esa vez conversamos de lo que significa ser negra en este país. Ella me contó (sin ninguna mala intención) que se sentía negra. Le dije que no lo era, simplemente porque no vivía las experiencias que nosotras sí. Su cuerpa es leída como la de una mujer blanca, y no se expone a que cualquiera le toque el pelo, a que la miren y la inferioricen, al racismo. La invité a buscar sus raíces. Por Chimamanda y el Encuentro de las que luchan me escribió contándome que había recordado esa situación, que ahora las entendía a la perfección y que estaba encontrando su mestizaje. En ese entonces la sacudí con mis palabras y tengo la certeza que hoy ella es una de nuestras aliadas. 

Otra mujer le preguntó a Chimamanda si los hombres podían ser nuestros aliados, y ella después de sonreír dijo que sí, que a veces sentía que no le correspondía andar educándolos, pero que el machismo no puede destruirse sin la colaboración de los hombres. Es necesario que entiendan, que se cuestionen para cambiar esta estructura. El machismo fue creado por los hombres y el racismo por las personas blancas. Si bien no nos corresponde y es agotador, debemos hacerlo. Y sí, en el movimiento antirracista necesitamos de lo mismo. Aliades que comprendan y ayuden a difundir el mensaje. Estoy segura que este 2020 tendremos cada día más. Como ejemplo, otra de las compañeras presentes en la reunión, la única que nombró a las que faltaban en la reunión: las mujeres indígenas, utilizó la palabra oscurecer, refiriéndose a la larga batalla que han dado las personas racializadas y Paola la corrigió diciéndole: “¿cuando dices oscurecer, quieres decir invisibilizar, no?” Sí, respondió ella, lo siento.  Al finalizar la compañera se nos acercó para agradecer la corrección. Ella es otra aliada. No cualquiera hace eso. 

Luego de una hora y media y para responderle a una historiadora, Chimamanda dijo que era importante recontar las historias de  quienes han sido removidxs y borradxs de la historia. Y pensé en Juan Valiente y en María Antonia Palacios, personas negras que habitaron este territorio. Cuando terminó la reunión Chimamanda estuvo muy sonriente y dispuesta a ponerse cuanta cosa le pasaramos para tomarnos selfies con ella. De nosotras recibió la pañoleta que dice: El feminismo será antirracista o no será y nos preguntó: “En un país que niega lo negro que lo compone, ¿Cómo hacen para cuidarse el pelo?” Allí estaba: la conversación que sostuve cuando la leí por primera vez se hizo realidad. Chimamanda, Paola y yo hablando sobre cremas para el pelo. Paola se fue antes para participar de una charla en Congreso Futuro, y yo me quedé para sacarle una firma para uno de mis libros, cuando volvió a mirarme me dijo algo que ya sé, pero que venía de una de las mujeres que más admiro: “Your hair is gorgeus”. Les juro que entre ella y yo hubo una sonrisa enorme por el pelo afro, el feminismo y el antirracismo. 

El texto es escritura de Wielka Aspedilla de la colectiva Microsesiones Negras

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