los libros con los que sobrevivimos el 2019

Vaya año difícil. Pero como buenas vaginas ilustradas, de enero a diciembre hubo libros que nos dieron luz y luces, nos acompañaron, nos estremecieron, nos cambiaron. En esta selección, les decimos cuáles fueron los mejores libros que leímos este año que (al fin) ya se va.

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El primer libro que leí este 2019 fue Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado de Maya Angelou (que me lo regalaron para la navidad del 2018, ¡viva regalar libros!). Me acuerdo perfecto de estar bajo el sol llorando con la historia de esta niña negra y pobre, con una vida marcada por múltiples violencias siempre narrada desde la inocencia, perspicacia y sabiduría de la infancia.  

En marzo me topé por accidente con los libros de rupi kaur. Había oído hablar sobre ella y su trabajo me producía curiosidad, aunque suelo leer muchos más cuentos y novelas que poesía. Si otras maneras de usar la boca me impactó por la crudeza y belleza de sus relatos y su uso del lenguaje (ella nació en India y en su poesía mezcla el inglés, que aprendió en su infancia viviendo en Canadá, con normas gramaticales de su lengua natal, el punjabi), fue con el sol y sus flores cuando sentí que estaba ante un libro fundamental, profundo y estremecedor, que toda mujer debería darse la oportunidad de leer.

Y tú, ¿tan feliz? de Bárbara Carvacho lo leímos para el taller de autoformación feminista de septiembre. Es un libro muy honesto, que no pretende dictar cátedra sobre cómo enfrentarse a situaciones difíciles para las mujeres que vivimos en este país conservador de mierda, sino que desde la vulnerabilidad nos da cuenta de un proceso valiente e íntimo, donde las protagonistas, las más importantes, son las amigas.

Y luego, llegó la revolución. Desde el 18 de octubre de 2019, en Chile es difícil vivir, para qué decir leer. El miedo, el terror, la incertidumbre, la rabia, la unión y las pequeñas alegrías; vivir en Chile es una lucha diaria que cada una está dando como puede. Creo que fue a comienzos de noviembre cuando decidí buscar literatura que me permitiera no evadir lo que estaba sucediendo, sino entenderlo, compararlo, analizarlo. Gracias al trabajo del Círculo de Profesoras feministas Amanda Labarca llegué a Mapocho de Nona Fernández. Comencé a leerlo la misma semana en que decenas de personas tuvieron que tirarse al río del mismo nombre para escapar de una brutal encerrona de los pacos. La coincidencia fue escalofriante. Los personajes del libro habitan una ciudad aún no reconciliada con su historia y con sus muertes. Calles que protagonizaron masacres, un barrio destrozado y sus muertos que deambulan perdidos entre la realidad y los recuerdos. 

En diciembre, Diamela Eltit. Nunca había leído nada suyo (terrible, lo sé) y Fuerzas especiales me ayudó a verme, entenderme y consolar esta angustia de vivir en una ciudad repleta de pacos, tiras y milicos. A reflejarme en ese miedo a perder a los míos, a que “me manoseen, que me violen, que me metan adentro de la cuca o que me mutilen en el interior de una tanqueta. Me aterra que después me saquen de la cuca o de la tanqueta y me boten a la basura o me dejen tirada, convertida en una buena para nada en una de las calles de los bloques y que si sobrevivo ya no sepa reconocer el camino, la escalera, las grietas, la puerta del departamento. (…) Es una sensación destructiva, apabullante, que me inunda”. 

Son libros crudos y difíciles, es cierto. Pero al menos yo, no consigo pensar en más que en el aquí y el ahora.

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Este ha sido lejos uno de los años más fuertes que me ha tocado vivir pero, como siempre, ahí estuvieron los libros acompañándome en cada momento. Creo que uno de los libros que más me marcó este año fue Y tú, ¿tan feliz? de Bárbara Carvacho, porque reafirmó mi vocación feminista, esa vocación de lo pequeño, de lo autogestionado, del apañe entre amigas.

También recomendaría fuertemente el Manifiesto Cyborg de Donna Haraway, así como Posthumanist Performativity: Toward an Understanding of How Matter Comes to Matter de Karen Barad. Ambos textos despertaron en mí intereses que ni yo sabía que tenía, recordándome la importancia de que las mujeres incidamos en el mundo de las ciencias.

Finalmente agradezco la oportunidad de haber leído textos relacionados con las revoluciones del mundo árabe, especialmente el texto de Luz Gómez: Igualdad y género. La mujer árabe recompone su militancia. En ellos pude hacer sentido respecto a lo que estaba sucediendo en Chile y la importancia de no transigir nuestras demandas. Estos textos me permitieron hacer algo que lxs historiadorxs siempre recomendamos, pero pocas veces llevamos a la práctica: aprender del pasado y actuar acorde a ello. 

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Partí el año leyendo Mátate, amor de Ariana Harwicz, un monólogo sobre ver un matrimonio derrumbándose y sobrevivir a la maternidad entremedio. Sin melodrama, sino que con el hastío que podría haber tenido cualquiera de nuestras madres con nosotras en brazos. Este libro es parte de una trilogía a la que le sigue La débil mental, que aún no leo pero me muero de ganas. También buscando qué leer en temática amorosa di con El fin del amor de Tamara Tenembaum, una argentina que desde su licenciatura en Filosofía y experiencia escribiendo en medios hace un ensayo sobre ser una mujer feminista millennial y amar sin volverse loca (vaya desafío). Después de 300 páginas de monólogo alternado con muy buena bibliografía (mucha teoría feminista, por supuesto) su respuesta es que no hay respuesta. No hay una fórmula mágica para no ver al amor como un bien de consumo o a las relaciones como un trabajo, pero leer este libro es una buena forma de entenderlo.

Cuando pequeña amaba los libros de detectives y Las Homicidas de Alia Trabucco es todas esas historias, pero escrita desde el feminismo y sin heroínas. Alia cuenta la vida de mujeres que usualmente no importan para el feminismo, sin limpiar su imagen, sino explicando cómo incluso estas asesinas son juzgadas por el patriarcado al que traicionaron.

Ya en textos más autobiográficos, fue bacán leer Y tú, ¿tan feliz? de Bárbara Carvacho y poder reir y llorar sobre la historia de un aborto. Es de esos libros que te hacen entender que al final las mujeres son nuestro eje no solo en amistades, sino también en las redes que formamos para incluso hacer conocidas y publicadas estas historias. Vivan las chicas de La Secta Editorial <3.

Entre los últimos libros que terminé está Ríos y Provincias, la primera novela de Romina Reyes. Es una historia que analiza en clave feminista una relación madre-hija con miedo e inseguridad desde un Chile con heridas abiertas. Terminé este libro la primera semana de octubre y fue intenso porque toca todas los traumas menos evidentes de la Dictadura, esos de la vida cotidiana con miedo y milicos por todas partes. Sé que si lo hubiera leído después del 18 de octubre lo hubiera pasado pésimo.

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Este año llené varias veces mis maletas con libros. Libros que volvieron al sur y otros que se mudaron conmigo. Libros-regalo que me esperaron por meses, libros inconclusos, libros favoritos a los que siempre vuelvo o simplemente libros que funcionan como único objeto para el sentido de pertenencia en el fugaz hogar. Pese a tan importante lugar dentro de mi equipaje, la mayoría siguen sin ser leídos.

Hubo algunos que corrieron mejor suerte: se fueron en el bolso de mano y hasta de vacaciones. Esos sí los leí. Y me revolucionaron la vida. 

El más viajado fue Un apartamento en Urano de Paul B. Preciado. Me tomó estos tres últimos meses poder terminar sus crónicas del cruce. Brisbane, Tasmania, Zürich, Milán y Viena, me leí y encontré una y otra vez en sus ya conocidas obsesiones escriturales por desafiarlo todo. Y es que las transiciones no son sólo de género, también son geográficas, políticas y por sobretodo subjetivas. Terminé con un libro todo rayado e intervenido, donde la voz de Preciado se funde con la mía. Entremedio Chile se acabó. Y sus reflexiones cobraron más sentido y urgencia que nunca. Gracias Paul Beatriz por hacer filosofía mis pasiones y preocupaciones. Pero por sobretodo, por haber sido lx mejor compi de ruta.   

No creo que Brigitte Vasallo sea consciente del alcance que puede tener su último libro, o mejor dicho, artefacto incendiario, una vez que prende la mecha. Pensamiento monógamo, terror poliamoroso me encontró en las apacibles tardes del hogar que pronto, y en consecuencia, des-armaría. Sin duda mi libro de las revelaciones. En él, la autora, con una letra en femenino, autobiográfica y brutalmente descarnada, detona la monogamia como sistema que sostiene y se alimenta de los estados nación, el neoliberalismo y la (neo)colonialidad. La verdad es que es un construcción analítica brillante. Y bueno, no se trata de que el poliamor sea el único modo de resistencia. Menos cuando éste cae en las mismas lógicas de acumulación capitalista y anda dejando muertos emocionales por doquier. Sino que seamos capaces de poner en jaque ese pensamiento que se cuela y arraiga hasta en la identidad misma para así desactivar el sistema, ser un movimiento terrorista del amor y colectivizar los afectos, los cuidados, deseos y dolores. Gracias Brigitte por abrir la caja de pandora. Ya no hay vuelta atrás. 

No fue un buen año para las ficciones y cuentos que tanto disfruto, más aún cuando vienen de escritoras latinoamericanas. Apenas cumplí con algunos deberes del año: Kentukis de la indiscutida reina argentina Samanta Schweblin y el El sistema del tacto de la chilena Alejandra Costamagna. De ondas muy diferentes, pero de una exquisitez que llegaron a potenciar los ya mejores días de este año. Lo de Schweblin es perturbador, como siempre. Aún así, fue elección perfecta para mi viaje solitario por rutas vietnamitas. Por otro lado, con la obra magistral de Costamagna una se adentra en la construcción de la identidad y (pos)memoria en esa difusa frontera que nos hermana con el país trasandino. Hace unos días terminé el último cuento de sus Animales Domésticos y me pareció muy bonito en términos literarios cómo, con una distancia de 10 años casi, se teje una especie de preludio o continuación de la misma historia. Quizás la favorita porque la leí en el calor del sur maternal y con mi gato ronroneando a un costado. 

Los libros siguen en maletas sin desarmar, probablemente ni siquiera acabe los que tengo a un par de páginas de concluir, pero al menos me quedo tranquila: llegaré con suficientes lecturas para afrontar y quemarlo todo en esta nueva década. Incluso las maletas. 

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Apenas pienso en los libros del año, me revuelve la emoción de haber dejado muchos de mis favoritos en Chile, a propósito de moverme a Ciudad de México. Pero también me doy cuenta a raíz de este ejercicio de las buenas lecturas que he encontrado acá en poco tiempo, y eso me emociona, a pesar de que el librero se ve a medio llenar aún. 

Un poco antes de que mi salida del país se concretara, escuché el capítulo Libros y feminismo del podcast Ya shao sabí donde entrevistan a Sofía Esther Brito. Así me enteré de primera fuente sobre el último lanzamiento de Escafandra Ediciones y llegué a Bestialidades. A veces, lo sé muy bien, la poesía parece ser un artefacto escritural difícil de comprender. No obstante, la escritura de Sofía es sencilla en el sentido de que puedo – o creo- entender lo que está diciendo, es clara y precisa, sobre todo en temas que de alguna manera u otra nos convocan y cruzan a todas, partiendo por el feminismo pero pasando por nuestras cuerpas, políticas y actuancias. Por lo mismo la división del libro en Denuncias, Contradicciones y Enunciaciones, revela una manera de comprender y de atreverse a recorrer las profundidades de decirse feminista en el contexto actual. 

De una breve estancia en Argentina aproveche de inmediato de sumar a la carga extra de retorno Travesti / Una teoría lo suficientemente buena de Marlene Wayar. Lo pude conseguir en la Librería La Libre de Rosario, un ejercicio poderoso de hacer política a través de la lectura con varias repisas repletas de textos escritos por mujeres. Sobre el libro, es amor a primera vista, la tapa mitad rosada con blanco, se abre para mostrarnos el rostro de Marlene. Prologado por Susy Shock, contiene una entrevista a nuestra compañera chilena Claudia Rodriguez. Colgandome del título ¿qué es una teoría lo suficientemente buena?, creo que el texto lo es, con creces. Nos adentra en las reflexiones de pensadoras por medio de entrevistas, con preguntas que enfatizan en algunas tareas pendientes del feminismo actual: otras corporalidades, precariedad, colonialismo, y por qué no decirlo, salir definitivamente de la cárcel transfóbica que se mueve por latinoamérica con la misma rapidez que los fascismos estatales. 

Llegando a México por esas casualidades no tan casuales conozco a una de mis primeras amigas cómplices en estas tierras. Sobre su mesa de centro un libro rosado titulado Un lugar seguro se estira relajadamente entre otros textos. No me aguanto.  Saco de mi bolsa la Los trabajos y los días, antología de Elvira Hernández, como intercambio para poder llevarme el libro rosado con el título cautivante. Así llegó a la escritura de Olivia Teroba. Reseñarlo como feminista y lúcido sería un resumen escueto y tal vez reduccionista. Por medio de su propia historia personal nos vamos adentrando en el mundo de la narradora, quien, entre anécdotas familiares y de amigos, interviene con reflexiones sobre la soledad, el freelanceo y la amistad. Sobre esto último apenas visible a momentos tenemos un reencuentro con citas y relecturas de autoras como Elena Garro, que merecen ser releídas y sacadas del lugar que la crítica literaria le entregó en su momento, la locura y ser-pareja-de. Entre estas reflexiones y descubrimientos, leemos de amistad, amistad entre mujeres, y entonces apenas termino, siento que somos un poco más amigas. 

Me gustaría cerrar con otro encuentro muy lindo en México también, que es el trabajo de Alma Karla Sandoval y Denisse Buendía quienes se embarcaron en un gran desafío como es resumir/compilar/aunar el feminismo. Con este interés crearon dos hermosas publicaciones que se acompañan y cierran con una cinta morada, se trata de Feministario y Vocabularia, Diccionario Feminista. En el primero abordan las corrientes del feminismo de manera amena y autoformativa. Mientras que en el segundo texto pasan a definiciones claves, que van desde falocentrismo hasta machitroll. Así ambos textos se complementan y acompañan en esta aventura que muchas recién se embarcan, que es el feminismo, pues bienvenidas.  

Como cierre definitivo y sólo por azar, nada de jerarquías acá, ¿Y tú, tan feliz? de Bárbara Carvacho, es también un favorito del año sin dudas. Siento que es una lectura urgente en el contexto actual chileno sobre el derecho al aborto. Mientras que en el parlamento se discuten con grandes discursos y pocos argumentos, nuestros derechos, la realidad como siempre dista a tal distancia que la transforma en increíble. Pero como nos va contando Bárbara, su experiencia es la de muchas, y eso le transforma de manera definitiva en la vagina ilustrada honoraria del año <3  

Y ustedes, amigas, ¿cuáles fueron sus libros favoritos de este año? ¡Queremos saber!

La ilustración de la portada es de @paulaebiru <3

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