Ser macho es ser deficiente

Ayer me subí a la línea nueva del metro, esa que tiene esos asientos plegables que tanto me gustan. Un hombre iba sentado en uno de ellos y cuando se bajó ni se preocupó de sujetar levemente el asiento con una mano para que al dejar de soportar su peso no se estrellara contra la pared, no, y el ruido del asiento resonó en todas nuestras cabezas. Idiota. Hoy iba cruzando Santa Rosa por la Alameda y me apuré para conseguir hacerlo en un sólo semáforo. Un hombre se cruzó a mi izquierda, tomó fuerzas y lanzó un abundante escupo que cayó a un centímetro de mi zapato. Viejo asqueroso, alcancé a decir, casi susurrar. Todo el camino a mi pega pensé en estos hombres y en los que ponen sus piernas en un ángulo de 90 grados en el transporte público, ocupando espacio que no les pertenece, en los que mean en la calle, en los que les andan mostrando el pico a las escolares, en los que adelantan y aceleran como locos en sus autos y atropellan peatones y ciclistas y concluí que los hombres deberían tener prohibido ocupar el espacio público. No se lo merecen. Que se queden en sus casas, a ver si en 200 años aprenden a limpiar los pelos que dejan en el baño y a comportarse con un mínimo de civilidad.


El título de este descargo proviene del Manifiesto SCUM de Valerie Solanas, ídola feminista que hizo posible para todas poner en palabras el total y absoluto desprecio al hombre. No pidamos perdón, no nos justifiquemos, cortémosla, mujeres, con el “soy feminista pero no odio a los hombres” porque tenemos todo el derecho a odiarlos. Porque ¿qué ha hecho el hombre históricamente además de violentarnos y oponerse a los avances de todos nuestros derechos? Absolutamente nada: todas las libertades de las que gozan (y malgastan) están construidas en base a nuestra opresión, también en el espacio público.


“El macho es una mujer inacabada, un aborto ambulante, un aborto en fase gene. Ser macho es ser deficiente; un deficiente con la sensibilidad limitada. La virilidad es una deficiencia orgánica, una enfermedad; los machos son lisiados emocionales. El hombre es un egocéntrico total, un prisionero de sí mismo incapaz de compartir o de identificarse con los demás, incapaz de sentir amor, amistad, afecto o ternura. Es un elemento absolutamente aislado, inepto para relacionarse con los otros, sus reacciones no son cerebrales sino viscerales; su inteligencia sólo le sirve como instrumento para satisfacer sus inclinaciones y sus necesidades. No puede experimentar las pasiones de la mente o las vibraciones intelectuales, solamente le interesan sus propias sensaciones físicas. Es un muerto viviente, una masa insensible imposibilitada para dar o recibir placer o felicidad”, dice Valerie, y así será hasta que empiecen a demostrar lo contrario.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *