La profesora disidente | Entrevista a Francisca Baez Grandon

En esta ocasión, nuestra amiga Colomba es la Vagina ilustrada Invitada, con una entrevista a la profesora feminista Francisca Baez Grandon, creadora de la Escuela Abyayala, un proyecto educativo feminista y multicultural.

¿Desde cuándo te consideras feminista?

Creo que mi primer acto de rebeldía contra el hetero-patriarcado-blanco fue a los 15 años. Tuve bulimia, era algo muy normalizado en el colegio de “niñitas bien” donde estudié. Cuando me di cuenta de que el mundo (dígase familia, compañeras, amigues) me felicitaron porque me veía “mejor” con 6 kilos menos, algo despertó en mí: yo estaba deprimida, pasando por una crisis terrible de autoestima y el resto ¿me felicitaba? Fue como si el estereotipo de belleza me explotara en la cara, nunca antes lo había visto tan claro, entonces me di cuenta que no quería ser una Barbie, no me gustaba esa feminidad tan cursi, no quería “atrapar” a un pololo por verme como las “miss 17”. Me prometí a mí misma ser quien era y quien quería, me gustaba la ropa “masculina” y cómoda, empecé a reconocer en mi cuerpo y mi cara el mestizaje de mis ancestros y a amar mis colores. Creo que ahí empezó todo.

¿Con qué tipo de feminismo te sientes más representada?

Durante mi juventud me críe en el ambiente kuir de Santiago y además siendo antiespecista, sin duda me acomoda el feminismo interseccional.

¿En qué sientes que el feminismo ha mejorado tu vida?

En la sensación de que estás mirando la violencia de frente y sin velos, al principio dan más ganas de llorar que de luchar. Pero lo más bello es el sentido que le cada una a esta lucha, en mi caso es la educación. Mis estudiantes adolescentes son inteligentes y críticos, ser parte de sus procesos y de su vida y de cómo van acercando y comprendiendo lo que es el feminismo me inspira.

¿De qué nos reímos las feministas?

En lo personal me gusta el sarcasmo, así que probablemente me río de la heteronorma o de las religiones que incitan al odio. Sí, me burlo constantemente, pero es lo mínimo que se puede hacer por ellos.

¿Quiénes son las feministas que te inspiran?

Primero mi abuela, fue la única mujer de mi familia que conocí que no transformaba el amor en “sacrificio”, su bienestar estaba primero. En el año 1934 nació su tercer hijo y obligó al doctor a hacerle una histerectomía porque no quería más hijos. A mí me inspira muchísimo la fortaleza de las mujeres trans, me enamoró la lucha de Amaranta Gómez y el arte de Susy Shock. Por otro lado, no puedo dejar de nombrar a Shane, que creó el colectivo Neutres, para no binaries e intersex acá en Chile, siempre está ayudando y trabajando por y para todas las luchas que tengan que ver con el feminismo.

¿Tienen los hombres un lugar en el feminismo?

Claro que sí, pero desde otra trinchera, no junto a nosotras, no los necesitamos, gracias. Pero ellos tienen la labor de re-educarse, analizarse y construir sus nuevas masculinidades. Los hombres feministas tienen el deber de hacer su propia lucha desde sus privilegios.

¿Es posible como profesora educar en torno al feminismo? ¿Cómo logras evadir los obstáculos de la institución para ejercer una educación feminista?

Los obstáculos son muchos, solo hay que pensar en la pirámide de poder desde el ministerio, directores, utp, etc, esas pirámides de poder son propias del heteropatriarcado, es casi una paradoja educar en el feminismo desde el sistema. Pero se puede y se puede solo gracias a les estudiantes que están abiertos a repensar y re-pensarse. Una profesora feminista es una educadora que tiene que tratar temas que están “prohibidos”, que tiene que conversar con sus estudiantes acerca de las decisiones que van tomando, que tiene que estar atenta a cualquier tipo de vulneración de derechos dentro y fuera de la sala.

Pero esa labor no solo no se agradece en una institución educacional, sino que se mira con desconfianza o incluso con desprecio, siempre estás pensando “ahora sí que me echan”, pero con la cara llena de risa, porque sabes que valió la pena.

Por lo mismo, con dos educadores más hemos creado una escuela libre, por sobretodo libre de machismos y de prejuicios, libre de “jefes” y de juegos de poder. Aspiramos a ser una comunidad de educadores, apoderades y niñes. Comenzaremos este año, nuestra escuela se llama Abya Yala porque también nos une la lucha de descolonizarnos, es una escuela feminista, multicultural e interdisciplinaria, en marzo comenzamos con niñes de 3 a 6 años. La idea se gestó precisamente por los obstáculos en las instituciones y también por la experiencia vivida por mi hijo de 4 años dentro de las instituciones educacionales, no podía encajar porque habían dos polos y él no pertenecía a ninguno: princesas que quieren casarse o superhéroes agresivos. Simplemente reproducen y perpetúan el heteropatriarcado para crear seres útiles al sistema económico. Creo que ser LA profesora disidente es un buen ejemplo y se puede hacer un gran trabajo, pero sentí que venía el siguiente paso, crear una comunidad educativa basada en el feminismo.

 

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