Estoy rota en más pedacitos de los que puedo aceptar

Estoy rota en más pedacitos de los que puedo aceptar

Cuando te han dicho toda la vida que no vales. Cuando toda la vida te persiguen
voces fantasmales que te gritan susurrando al oído: fea, estúpida, gorda, asquerosa, sin
brillo, tonta, insignificante. Cuando tanta gente te lo ha dicho. Te lo crees. Crees que eres
un ser infrahumano que no merece nada.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, una pequeña mirada, una sonrisa,
cualquier gesto de simpatía te hace caer. Y dejas que te dañen. Que te utilicen. Que te
chupen la poca energía que tienes. Dejas que te sigan matando lentamente.
Cuando te han dicho toda la vida que no vales, dejas que a los 7 años tu compañero
de asiento te toque. Que meta sus manos entre tus calzones porque te está queriendo.

Aceptas sumisa tocarle su pene porque te está queriendo. Aceptas que te abuse porque no le
puedes decir a nadie. Porque todos te han dicho que eres insignificante. Porque tus
hermanos te torturan cuando llegas del colegio y en el colegio te torturan los profesores, los
compañeros.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, a los 12 dejas que tus compañeros te
toquen las piernas porque quizás, solo quizás les gustes a alguno. Si te dejas manosear eres
más madura. No importa que se aprovechen de ti. Porque así, por lo menos, sabes que le
puedes gustar a alguien.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, a los 21 duermes en la escalera de
una toma porque te intentaron violar y todos estaban demasiado borrachos para ayudarte o
quizás estaban demasiado cómodos para levantarse o quizás solo no vales. Duermes en la
escalera de una toma porque quienes te escucharon se apiadaron del violador. Porque es
muy tarde para echarlo. Porque hay que dejarlo dormir. Después lo sacamos. Después lo
vetamos. Después. Después. Después. Duermes en la escalera porque no te violó. Duermes
en la escalera porque eres infrahumana. En realidad, no duermes.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, a los 23 te acosan en una fiesta. Solo
conoces a 2 personas. No conoces a nadie más. Ya no están. Estás sola. Ya es muy tarde y
quieres dormir. Te sientas en el sillón y despiertas de improviso con un tipo sentado frente
a ti que te mira y te toca la mano. Porque si bailaste una vez con él tienes el deber de irte a
la cama. Te acosan. No duermes. Te vas muy temprano. Te vas asustada. Pero luego te
dirán que es coqueteo. Que siempre se pone así cuando toma. Que igual es chistoso. Que no
seas cuática. Que no pasó nada. Te miran y sin decírtelo, te lo dicen: “agradece que alguien
te mire”.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, te vas de viaje y conoces a alguien.
A todos tus amigos le cae bien. Tú no confías mucho. Después de un baile y alcohol.
Después de unas miradas. Te derrites porque alguien te va a querer. Tú lo sabes. Y vas. Y
no te importa nada. Ni tu privacidad, ni tu salud. Pero no te mira. No te besa. Solo te usa
como un hueco en el que meter y sacar su pene. Todos se enteran y se ríen contigo.

Qué coqueta, mujer. Qué rápida, mujer. Qué lanzada, mujer. Después, un día. Quieres llenar el
vacío negro y profundo que tienes con más drogas que solo alcohol. Y pruebas la coca.
Una. Dos. Y estás loca. No puedes decir nada. Y el mismo cabro simpático que todos
adoran te lleva a una cama en una pieza repleta de gente. No dices sí. No dices no. Solo te
dejas llevar porque al final: ¿quién te va a querer? Intentas pasarle un condón. Negro. Estás
en la parte baja de un camarote. Negro. Él está sobre ti. Negro. Te tapan la boca porque
estás haciendo ruido. Te tapan la boca. Negro. Te tapan la boca. Negro. Te tapan la boca.
Negro. No recuerdas nada.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, te ríes porque la noche anterior te
violaron. Es más, cuando te han dicho toda la vida que no vales, nunca te das cuenta de que
te violaron. Escuchas a tus compañeras hablar de acosos, abusos y violaciones. Escuchas a
tus compañeras y lloras. Sientes que lloras de empatía porque gracias a la vida nunca te ha
pasado.

Cuando te han dicho toda la vida que no vales, te das cuenta 18 años después que te
abusaron en el colegio. Te das cuenta 4 años después que casi te violan y nadie hizo nada.
Que todos se quedaron en la comodidad de su carrete. Te das cuenta, años después, que te
violaron. Te das cuenta de que sigues siendo infrahumana.

 

Vagina Ilustrada Invitada: Radangela Lara Esparza

Ilustración @consuelostt

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *