Sobre la visita de Ayaan Hirsi Ali o los peligros de la islamofóbia en Chile

Sobre la visita de Ayaan Hirsi Ali o los peligros de la islamofóbia en Chile

Hace dos semanas que estoy recibiendo enlaces e invitaciones de amigos y familiares respecto a la visita de Ayaan Hirsi Ali. Todos ellos saben que estoy interesada en el tema del feminismo islámico, además, ¿cómo no enterarse de tan eminente visita, si se le hicieron reseñas y publicidad en los más importantes medios del país?

Para quienes no saben, Hirsi Ali es una mujer somalí-holandesa-estadounidense, activista liberal, ex-parlamentaria y parte del profesorado de la escuela de gobierno de Harvard. Su figura es polémica, en cuanto ha sido acusada de islamofoba, pero considerándose a sí misma una feminista liberal.

Ahora bien, ¿tiene fundamento esta acusación de islamofobia? Algunas de sus afirmaciones podrían confirmarla, en cuanto apoyó el “travel ban” de Trump el 2017, para siete países de mayoría musulmana, y ha afirmado que la inmigración de hombres musulmanes a Europa ha hecho que los crímenes contra las mujeres aumenten de forma dramática, como resultado de provenir de una cultura diametralmente diferente a la occidental, la islámica. Por otro lado, existen ciertos indicios que permiten afirmar lo contrario, en cuanto repite constantemente que no cree que todos los musulmanes sean violentos, abusivos o “retrógrados”. También ha afirmado que Occidente no debería tener una perspectiva de “guerra contra el Islam” para enfrentar la cuestión del terrorismo sino, más bien, que convendría tomar la postura de Israel (con todo lo horrible que pueda sonar esto), es decir, según sus propias palabras, una infraestructura legal de inteligencia contraterrorista. También ha manifestado su “esperanza” para el mundo islámico, luego de la primavera árabe, lo cual, supuestamente, la ha llevado a modificar algunas de sus convicciones más críticas respecto al Islam. Ahora bien, aun cuando me encuentro en profundo desacuerdo con la gran mayoría de las perspectivas de Hirsi Ali sobre el tema, pero confesando, también, que no conozco en profundidad su obra, me gustaría apuntar aquí a un fenómeno relacionado, pero diferente; es decir, las posibles consecuencias de su visita, y del gran despliegue de propaganda que se ha dado en torno a esta.

Desde mi perspectiva, toda la parafernalia creada en torno a esta visita representa el riesgo real de plantar el germen –si es que no existe ya─, no solo de la islamofobia en nuestro país, sino que también de la difusión de una imagen caricaturesca de la “mujer musulmana víctima”. Y esto por dos razones. En primer lugar, la dificultad al acceso de los contenidos reales de la charla dictada por Hirsi Ali y el enfoque exacerbado hacia su dramática vida. Apenas me enteré de esta visita comencé las gestiones para asistir. Ingresé a la página de la convocatoria compartida en Facebook por el Centro para el estudio del Islam Político en Chile y que correspondía a la de “Noticias UAI”, en la cual se informaba que la visita sería el 15 de Enero, a las 18:00 horas en Casa Piedra, y de forma gratuita. Sin embargo, el mismo día de la visita, ingresé nuevamente a la página para asegurarme que estuviera todo en orden y me encuentro con que la convocatoria había cambiado de modalidad. Ahora solo se podía asistir por invitación, y aparecían dos horarios, las 18:00 y las 19:00 horas. A pesar de mover todos los contactos que se me vinieron a la cabeza, no fui capaz de conseguirme una invitación, por lo cual me vi obligada a ver la charla de forma online, lo cual no averigüé a través de ningún medio informativo, sino solamente porque lo busqué en Youtube incansablemente entre las 18:00 y las 19:00 horas. Ahora bien, ¿Cuál es la imagen que dejaron los medios de comunicación respecto a la figura de Hirsi Ali? Reproduzco acá los primeros párrafos de La Nación y Emol:

“La biografía extensa de la activista somalí-neerlandesa-estadounidense Ayaan Hirsi Ali, indica que le mutilaron sus genitales a los 5 años (como práctica común del Islam), fue instruida en el Corán a golpes, fue forzada a casarse con un pariente canadiense al que jamás había visto y en ese viaje de primera cita, escapó en una de las escalas para pedir asilo en Holanda”. (La Nación, 2019)

“Hasta hace unas semanas, la figura de Ayaan Hirsi Ali era casi completamente desconocida en Chile. Hoy, no es que a todos les suene su nombre, pero ya hay círculos que comienzan a seguir sus postulados, que están leyendo sus libros y se están interesando por los temas que plantea. Y es simple y claro: Ayaan Hirsi Ali se propuso advertir del tremendo problema que podría significar para el mundo el avance del radicalismo islámico. Habla con la propiedad y seguridad que otorga la experiencia. Creció en una familia que practicaba profundamente el Islam en la Somalía de los ’70; tuvo que arrancar del país con sus cercanos y ser nómada en Arabia Saudita, Etiopía y Kenia; sufrió la ablación a los 5 años; en su juventud siguió fervientemente a los Hermanos Musulmanes; en 1992 su padre concertó su matrimonio con un primo que residía en Canadá, al que nunca había visto.”

“La historia de cualquier muchacha del lugar de donde provengo”, ha sostenido en numerosas ocasiones. Pero ella se rebeló” (Emol, 2019)

Aun cuando el inicio de la nota de Emol es más moderada, nos encontramos también con un enfoque en su vida victimizada por las terribles prácticas islámicas. En otras palabras, el acceso a la figura de Hirsi Ali está mediada por historias de horror, asociadas al Islam, y la casi imposibilidad de ser testigo de lo que realmente plantea. Es entendible que existan razones de seguridad para generar esta confusión respecto a su charla (como algunos saben, Hirsi Ali está amenazada de muerte por el radicalismo islámico), sin embargo, esto permite también que las personas se hagan una idea de los que sucede en las sociedades islámicas solo a través de lo difundido por los medios que reportearon su venida.

En segundo lugar, la sobre exposición mediática de su venida, considerando que aborda temas que suelen no ser de mayor interés en nuestro país, tales como el terrorismo islámico. Pongamos las cosas en perspectiva, hasta mi abuelita me envió el enlace a la nota que se le realizó en el diario La Tercera (2019)

“Ayaan Hirsi Ali es una somalí que sufrió los tormentos de la cultura islámica y que se ha convertido en una de las voces más críticas del Islam”

En otras palabras, existe una enorme difusión de la asociación islam-mujeres oprimidas, que en ningún momento es puesta en cuestión, a pesar de los tremendos esfuerzos que están realizando en este momento una gran cantidad de mujeres musulmanas en general, y feministas islámicas en particular, para no ser mostradas una y otra vez como eternas víctimas. Fijémonos en la fallida visita de Ratna Surumpaet el año pasado a nuestro país, musulmana activista por los derechos humanos en su natal Indonesia. A pesar de que su venida se canceló a último minuto, yo no vi en ninguna parte, y ahora no he sido capaz de encontrar, alguna nota en algún diario o medio de comunicación que anunciara esta visita. Es decir, las figuras de mujeres musulmanas fuertes e independientes –Surumapet es conversa, es decir, musulmana por elección─ no son relevadas en nuestro país.

Adicionado a esto, es importante hacerse la pregunta respecto a ¿Por qué tanto revuelo mediático? ¿Qué interés hay en generar este tipo de imágenes respecto al Islam y las culturas musulmanas? A pesar de que no tengo la respuesta a estas interrogantes, acá también es necesario contextualizar. Hirsi Ali fue traída por una asociación entre la Fundación Por el Progreso (FPP) y La Otra Mirada, ambas plataformas de investigación con una marcada tendencia de derecha. La introducción a la conferencia de Hirsi Ali fue realizada por Nicolás Ibáñez. Hace no mucho tiempo, la FPP sacó un video informativo sobre el “feminismo liberal” (o, más bien, sobre la caricatura que se ha forjado sobre este mismo). Me gustaría preguntarme acá ¿Es que acaso la venida de Hirsi Ali se contextualiza en la disputa sobre los espacios de poder que ha venido generándose gracias a la llamada ola feminista del año recién pasado?, ¿Nos quieren mostrar, desde la bienintencionada mirada de los centros de élite de nuestro país, lo agradecidas que deberíamos estar las mujeres chilenas porque acá (en “occidente”) no tenemos que sufrir las barbaridades que sufren las pobres mujeres musulmanas? Es en este momento que me gustaría aportar un dato que siempre me ha consternado. Una búsqueda rápida en google de “los peores lugares para ser mujer en el mundo” arroja invariablemente una lista de países musulmanes. Sin embargo, si buscamos los lugares con mayor tasa de femicidios, el resultado cambia, arrojando una mayoría de países latinoamericanos. ¿Es que acá en Latinoamérica no es terrible ser mujer porque simplemente no te dejan ser? Hoy, apenas a 16 de Enero del 2019, ya tenemos 5 femicidios en Chile.

Me interesa que esto no parezca una “teoría del empate”, en la cual relativizó la violencia hacia las mujeres en las sociedades musulmanas, comparándola con la que sufrimos las mujeres en América Latina. Lo que quiero, más bien, es poner todo en su contexto, ser realista respecto a lo que sufren las mujeres en diferentes sociedades, tener perspectiva histórica, con el fin, justamente, de disminuir la violencia contra las mujeres en todas partes.

Me gustaría terminar esta crónica con algunas anécdotas personales. Tal como Hirsi Ali, mis propias experiencias han moldeado mis perspectivas sobre el tema. En primer lugar, quisiera comentar que pasé cinco meses de mi vida recorriendo países islámicos o de mayoría musulmana (Malasia, Indonesia e Irán). Estos cinco meses generaron mi interés sobre el tema del Islam, del cual reconozco no ser una experta, y sobre todo, mi pasión por la relación entre mujeres e Islam, en cuanto lo que me encontré en estos países difería completamente de lo que esperaba. Luego de recorrer estos países a dedo y alojando con familias locales, me encontré con mujeres fuertes e independientes, con hombres progresistas y empáticos, todos ellos en pleno ejercicio de su fe. Una de estas mujeres, que también recorre el mundo a dedo, siendo separada, de 52 años y con dos hijos, estuvo el año pasado en mi casa, junto a un amigo que conoció por un grupo de viajeros (no, ni su marido, ni su hermano, ni su hijo). Además, realicé una investigación sobre el tema del feminismo islámico, que me permitió conocer un fuerte movimiento de mujeres musulmanas que están luchando por su liberación en el marco de su fe, muchas de ellas provenientes de países del tercer mundo, y no sólo conversas europeas, como suelen advertir sus críticos. Por otro lado, actualmente me encuentro realizando clases de español a refugiados sirios, entre los cuales se encuentran hombres musulmanes que no han sido nada más que respetuosos y amigables conmigo. En una de esas clases aprendimos el concepto “patriarcado”, y entendiendo perfectamente el concepto una de las alumnas comenta “¡ah! ¡Como en Siria!” y otra responde “Si, y como en Chile”. En otras palabras, no intento negar las atrocidades por las que algunas mujeres pasan en sociedades musulmanas, ni hacer una comparación con lo que sucede en América Latina, sino más bien, hacer un llamado a entregar información objetiva y responsable sobre el problema del machismo en todas partes del mundo, de modo que seamos capaces de combatirlo, sin por ello caer en prejuicios islamofobos que solo traen consecuencias negativas para la convivencia democrática y tolerante. De acuerdo con esto, me gustaría cerrar con una última anécdota, que a mi entender es muy decidora sobre lo que he intentado plantear. Estando en un café con una amiga iraní comenzamos a hablar de aborto. En ese entonces en Chile aún no se aprobaban las tres causales, por lo que le comenté que, en caso de violación, las mujeres no podíamos abortar. Algo adentro mío se remeció con su respuesta: “¡Wow! ¡Tu país es muy machista!”.

 

Imagen: Manifestación mujeres en Pakistán  https://www.facebook.com/pg/AllahLovesEquality

2 Comentarios

  1. Excelente crónica! Muy reveladora para quienes no tenemos ningún conocimiento del tema.

  2. Hola, solo comentar que te amo, jajajaj. Yo me convertí hace unos 5 años al Islam porque de verdad creo que lo que dice el Corán y lo que enseñaba el profeta es relevante hoy en día, además de que la igualdad que aparece en tales textos es de verdad, no como la que se enseña en el contexto católico. Personalmente, yo fui críada católica (como casi todxs en Chile), pero cuando supe más del Islam me llamó bastante la atención y por eso decidí convertirme. A pesar de que no oro cinco veces al día y aun me cuesta ayunar en Ramadán, me gusta decir que soy musulmana cultural, pero hay está el problema, no puedo decirlo mucho, la gente encuentra casi imposible que sea musulmana, feminista, y lesbiana, y cuando lo comento la gente me mira como si fuera una extraterrestre.
    Pero respecto a lo que dices en tu texto, te encuentro toda la razón, fue terrible leer esas citas del Emol y La Nación (mutilación genital femenina como práctica del Islam???), esa islamofobia es como las que tienen las personas que creen en las cadenas de whatsapp, terrible y me hizo sentir vergüenza ajena, porque ese es unx periodista que debiera saber de lo que habla.
    En fin, gracias por este artículo/ensayo, definitivamente seguiré indagando más en ella, que realmente no tenía ni idea que había venido.

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