Me acuerdo cuando comencé a pensar en el feminismo

Me acuerdo cuándo comencé a pensar en el feminismo. Fue por un amigo de un amigo que tenía en su pieza de Valparaíso un cartel que, se me llenó el pecho cuándo lo leí la primera vez; “EL MACHISMO MATA”. Sonreí.

Desde ese día hasta hoy ha pasado un montón de agua bajo un montón de puentes.

Toda la ha vida me ha sido difícil considerarme parte de algo, o incluso de querer con fervor que las personas entiendan algo.

Aquí quiero detenerme y hablar de mis padres, ambos, padre y madre. Que suelen pensar que ‘estas niñitas sólo están haciendo el loco’, ‘pero por qué desnudas’, ‘pero por qué se dejan los pelos’ ‘y qué tienen los piropos’

Mi papá está gran parte del día diciéndole a mi mamá lo inservible que es. A pesar de que es tremendísima mujer, por criar a tres hijas, una de ellas con síndrome de down, por ser trabajadora, por hacerme el desayuno antes de irme al colegio, por comprar regalos para la navidad a pesar de que quizás faltara plata… Y sí, cometió errores, pero yo sé que lo hizo todo desde el más puro amor y mi papá piensa que es su trabajo criarnos, que él llegaba del trabajo y que tiene que descansar, ¿y mi mamá qué? llegar a planchar, a lavar loza, a hacer camas y a cuidar a mi hermana que tiene 25 y pareciera tener 6, y él… él sólo se lava las manos.

Ahora los dos jubilaron, los dos están en la casa.

He visto mucho a mi mamá llorar por pensar que mi papá no la quiere.

Aquí también me quiero detener, no quiero dejar a mi padre como el ogro en esta ecuación. Creo y tengo la certeza que él también es una víctima del machismo, por su propia vivencia, por ser el hijo mayor, por ver a su madre aguerrida pero escondida en los pantalones de su padre poco cariñoso y de palabras fuertes y cortantes. Tal cuál cómo es él.

Yo te perdono papá, a mí me resbala que me digas si sirvo o no para hacer algo, porque yo sé lo que valgo, eso me lo enseñé yo misma hace años y estoy orgullosa de que no necesité de nadie para darme cuenta; pero con mi madre no. Eso no te lo perdono. No te perdono todas las veces que la he visto llorar por tu culpa, sé que no eres una persona mala, sé que tienes rabia adentro contra alguien, o contra todos, sácala; pero mi madre, mi madre sólo se merece lo mejor del puto mundo y si vas a darle menos que eso, pues, piensa qué mierda haces ahí.

Una vez me preguntaste si mi pololo me trataba bien y yo te respondí: ‘sabís qué, lo único que espero de mi pololo es que no me trate nunca cómo tu tratas a la mamá‘.

Y ahí te quedaste calladito y no me miraste ni te defendiste, porque tengo razón.

No hay golpes, aclaro, y esto no es de todos los días. Pero las palabras, papá, calan hondo y matan, matan por dentro, matan los colores del alma, matan los matices, todo se pone negro.

Mi mamá no entiende que el feminismo lucha para que mujeres como ella no tengan que pasar por humillaciones de ese tipo.

A veces pienso que es una mujer de buen corazón, o sólo quiero convencerme de eso para buscarle alguna explicación al hecho de soportar tanta mala tirria de mi papá, porque es LA mujer que lo conoce, porque el hombre es un puto misterio y permite este trato y le resbala, me ha dicho; pero también te he visto cansada y queriendo recibir amor, cariño, abrazos, besos. Yo te los doy mamá.

Cuando voy marchando por la Alameda, con todas por delante y por detrás, también voy pensando en ti, la primera mujer que amé, la primera que vi y que me prestó su cuerpo para vivir un ratito.

Pienso en mi sobrino, que quiero que crezca en un mundo donde haya RESPETO.

Pienso en las mujeres asesinadas, pienso en mis amigas, pienso en mí.

Mamá, papá… las marchas no son sólo pa’ ir a hueviar con las amigas a quemar un rato. Es sentirse acompañada, porque una vez iba caminando sola en una calle de noche y atrás venía alguien caminando muy rápido como para hacerme daño, me armo de un valor que nunca tengo, de ese que cuando te están penando y vai a ver qué pasa; y me di vuelta y era una mujer. ¡Y por la cresta!, el suspiro de alivio fue de las dos y nos reímos, yo y esa desconocida.

Porque las dos entendimos que ya no estábamos solas caminando por esa calle solitaria, ya no. Que nos teníamos la una a la otra para luchar si es necesario.

Y la lucha, mamá, la lucha comenzó, yo soy parte,y me quedo hasta vencer.

 

 

Texto:

M.L.F

Ilustración: 

Catalina Mora Ibarra

@catalina.i.i 

holacatalinami@gmail.com

 

 

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