Si gana Bolsonaro, somos resistencia

La primera vez que oí hablar de Bolsonaro fue el 2014. Sin tomarlo muy en serio, mis amigos brasileños me explicaron que era un diputado conservador de ultra derecha que tenía esta idea absurda de ser candidato a presidente, seguido por unos fans no muy inteligentes a los que llamaban, entre risas, bolsominions.

Ex capitán del ejército, amante de la dictadura, homofóbico, racista, machista. Su posible candidatura, también a mí en ese entonces, me parecía un chiste. Cuatro años después, Jair Bolsonaro alcanzó la primera mayoría en la votación por la presidencia de Brasil, que se definirá este domingo 28 de octubre.

Basta una rápida búsqueda en internet para encontrar cientos de frases que revelan los múltiples discursos de odio de Bolsonaro. Durante el impeachment a la presidenta Dilma Rousseff – quien no ha cometido ningún crimen ni es culpable de nada, sino que fue arrebatada de su cargo mediante un golpe de Estado desde el Congreso gobernado por la derecha y los partidos evangélicos, amigxs no crean todo lo que ven en la tele -, Bolsonaro dedicó su voto a favor “a la memoria de Carlos Alberto Brilhante Ustra, el pavor de Dilma Rouseff”, uno de los coroneles que la torturó mientras estuvo detenida durante la dictadura.

En una carta publicada en el diario, Bolsonaro se refirió a la dictadura brasileña, que asesinó a más de 400 personas y exportó sus métodos de tortura por toda América, como “20 años de orden y progreso”. Durante una entrevista radial en 2016, afirmó que “el error de la dictadura fue torturar y no matar”.

En una entrevista con una revista, aseguró que la dictadura chilena “debió haber matado a más gente”.

En la Cámara de Diputados, dijo que la parlamentaria del PT Maria do Rosário “no merece ser violada porque es muy fea, no es de mi gusto. Yo no soy violador, pero si lo fuese, no la violaría porque no lo merece”.

Al ser preguntado en un programa de televisión sobre qué haría si uno de sus hijos se enamorase de una mujer negra, respondió a la entrevistadora: “Yo no voy a hablar sobre promiscuidad. Yo no corro ese riesgo porque mis hijos fueron muy bien educados y no vivieron en ambientes como lamentablemente es el tuyo”.

Todavía más. “Si veo a dos hombres besándose, les pego”. “Sería incapaz de amar a un hijo homosexual. Prefiero que muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”. Soy capitán del Ejército, mi misión es matar”. “Un policía que no mata no es un policía”. “Vamos a fusilar a los adherentes del PT en Acre. Ya que les gusta tanto Venezuela, mandémoslos para allá”. Las mujeres deben ganar un menor sueldo que los hombres porque se embarazan. La mujer lucha mucho por igualdad de derechos, todo bien. Pero siento pena por los empresarios de Brasil, porque es una desgracia ser jefe en un país con tantos derechos laborales”.

Y no son sólo discursos. En Salvador, uno de sus adherentes asesinó con 12 puñaladas al activista cultural negro Romualdo Rosário da Costa. Los candidatos a diputados por su partido Daniel Silveira y Rodrigo Amorim destruyeron una señalética instalada en homenaje a Marielle Franco, defensora de los derechos humanos asesinada en Rio de Janeiro, y publicaron la foto en sus redes sociales. Ambos fueron electos. En un video que circula en redes sociales, se ve a un votante marcando la opción 17, de Bolsonaro, con una pistola. Cientos de activistas LGBT+ brasileños están siendo amenazados de muerte por electores de Bolsonaro, exhaltados al sentirse tan cerca de que sus ideales de exterminio lleguen al poder.

¿Cómo es posible? Para mí, sólo se explica por el poder del odio, que se expande por nuestro continente y echa raíces. Es aterrador. El capitalismo, por supuesto, juega un rol fundamental. Pensar que podría tener más si no existiera un otro: un negro, un pobre, una mujer, un gay, un trans. Una falsa sensación de superioridad imbuida por un hombre que aprueba el uso de las armas, que piensa que matarnos o herirnos, en nombre de dios y de la patria, está bien.

Aquí en Chile, Sebastián Piñera afirmó que apoya en gran medida las políticas económicas de Bolsonaro. ¿Sabrá el presidente que el propio candidato brasileño reconoció que no tiene idea de economía (ni de medicina, ni de agricultura, ni de “un montón de cosas”)? En sus 27 años como diputado, Bolsonaro consiguió aprobar solo dos proyectos de ley.

José Antonio Kast ya está alistando un viaje a Brasil para darle su apoyo. Kast, que piensa que “solo una maquinación intelectual es capaz de decir que la mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo”, que ha dicho que “Pinochet salvó a Chile” y que “las fuerzas armadas no usaron la fuerza para tomarse el poder, sino para recuperar Chile”. Kast, que logró el cuarto lugar en las elecciones presidenciales de 2017, con más de 500 mil votos. No cometamos el error de pensar que el triunfo de su candidatura es imposible.

Estamos viviendo tiempos oscuros. Debemos estar atentas. Si gana Bolsonaro no es el final, no nos habremos rendido. Si gana, tendremos la certeza de que a nuestro alrededor existen muchos que piensan como él, para quienes somos personas de segunda categoría. Ante eso, no nos queda otra que seguir luchando, más que nunca. Si gana Bolsonaro, si se extiende el fascismo por América Latina, somos resistencia.

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