Mi primera banda de mujeres

Durante los últimos años, diversos medios y publicaciones hechas por mujeres han resaltado la relevancia de figuras femeninas que se desenvuelven en diversos ámbitos de la vida. Mujeres políticas, músicas, médicas, actrices, activistas, profesoras, científicas, entre otras, que nos recuerdan la relevancia de visibilizar nuestra labor para inspirarnos entre nosotras y recordarnos que todo lo que queramos realizar es posible. Sin embargo, esto se hace mucho más sencillo si tenemos referentes a nuestra vista y paciencia. Desde esta perspectiva, pensaba que siempre tuve como referentes a mujeres músicas, instrumentistas y creativas, como a Violeta Parra acá en Chile, pero en general mi admiración adolescente buscaba exponentes extranjeras como Kittie, The Donnas o Bikini Kill.

Todo eso se derrumbó en un segundo cuando al entrar a Ruidosa recibí un golpe de emoción y alegría infantil al escuchar las voces de canciones que sin pensar repetía de memoria: Una cuncuna amarilla, debajo de un hongo vivía, ahí en medio de una rama tenía escondida su cama, se puso camisa de seda, se escondió en una madriguera… (sé que sigues cantándola en tu cabeza). Corrí lo más adelante que pude; estaba lleno de familias, muchas mamis con hijes cantando a viva voz cada una de las letras de mi primera y quizás tu primera banda de mujeres: Mazapán.

Mazapán nace en el año 1980 por un grupo de mujeres que provenían del ámbito de la música de conservatorio y decidieron hacer una banda dirigida al público infantil. Probablemente, estas mujeres inscribieron el gusto por la música a muchas generaciones, con canciones que cuentan historias y aventuras o que repiten sílabas como el clásico Mazapán, al son de diversos instrumentos como la guitarra clásica, la viola, el contrabajo, el chelo y el clarinete (Pan maza pan maza maza maza pan maza música maza manos maza pan).

Pioneras en la televisión educativa (recordemos el programa Masamigos) y pioneras en didáctica musical infantil quizá sin proponérselo, las mujeres de Mazapán destacan además por su ética realmente intachable, sin querer venderse jamás al salvajismo del capitalismo (una vez les ofrecieron ser parte de una marca de juguetes y promocionarla en su programa y ellas se negaron porquenaquever).

Pese a que mi mente de púber, adolescente y luego, adulta, las haya olvidado por un momento, ellas jamás se separaron. Hoy siguen gozando en el escenario y entregando con el entusiasmo inicial de quizás sus primeros ensayos y sus primeras presentaciones. Ante el mismo público que las escuchó y creció con ellas y que cantó a todo pulmón “Pobre ratón dónde te has metido, en esta casa no eres bienvenido”, ellas escapaban disfrazadas de ratones, maravillando y manteniendo la expectación de adultas que jugaron a ser niñas por un rato y de niñes que recién conocían a esta histórica banda de músicas talentosas que, desde lo clásico, se volcaron al mundo infantil para llenarnos de aventuras, emociones y melodías.

Nadie quería que se bajaran del escenario, pero ellas, muy respetuosas con el festival, se despidieron con entusiasmo y cariño. Les agradecemos por hacernos notar cómo mujeres músicas han estado presentes en nuestras vidas desde la primera infancia. Muchas veces las dejamos en el cajón de los recuerdos y nos llenamos de referentes masculinos, pero siempre tuvimos a Mazapán.

Foto: María Loreto Plaza

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