Si el 2016 fue un año de despedir a muchos de nuestros ídolos, el 2017 fue para verlos caer, pensar en disfrutar algo de cultura puede ser peligroso hoy en día si queremos hacerlo de personas éticamente correctas, es decir, de personas que no hayan violado, abusado o acosado a otra, un precedente que podría ser bien acotado si queremos usar el parámetro de ético a sólo estas conductas.

Toda esta crisis de los personajes connotados nos ha llevado nuevamente al cuestionamiento de si es posible separar la obra del autor, hay quienes han apostado para señalar que esto es posible (como María José Viera-Gallo), dejando al individuo creador y violento en dos aristas separadas que desentienden una de la otra, dejando que la ambivalencia de lo público y privado no se cruce. De esta manera, sabemos que Woody Allen es un abusador, pero es que son tan buenas sus películas que cómo no le vamos a perdonar esos deslices, porque son deslices ¿cierto? Pareciera que habría que vanagloriar a los individuos por sus creaciones más que por sus acciones. Pero no, hoy cuestionamos las actitudes públicas, derrumbamos el mito de la modernidad que señala que el hombre mantiene lo público y lo privado en espacios divididos ¿cómo podemos hacer esta escisión si la creación se da en el espacio privado? ¿Cuál es el afán de dividir al hombre y desentenderlo de su comportamiento respecto a lo que produce?

Hace un tiempo vagando por las tierras virtuales de Facebook encontré un enlace interesante, se trataba de Hagaar Peters, escritora nacida en Ámsterdam que lanzaba un libro titulado “Malva”, no era nada más que la historia de la hija abandonada de Pablo Neruda, que falleció a los ochos años en Holanda bajo ocupación Alemana, Malva nació con hidrocefalia, en una de sus cartas a una de sus amigas Neruda la describe de manera ridícula, desentendiéndose de que aquella pequeña haya podido ser parte de su creación, cuando se le envía un telegrama para informar sobre su muerte éste no contesta, sin embargo en su vida pública Neruda era reconocido por ser comprometido con el pueblo, de la misma forma que muchos escritores, músicos, artistas e intelectuales, entre otras profesiones u oficios que podemos añadir en nuestra mente, han sido reconocidos no sólo por su supuesta genialidad, sino además, son reconocidos por un compromiso social cuasi intachable que no permite ser cuestionado y, en este no cuestionamiento es cuando se naturaliza y se perpetúa la división de tareas binarias por las que feministas de la tercera lucharon tanto. Pareciera que el hombre puede hacer y deshacer a su antojo, sólo puede ser juzgado por su producción, por su materialidad, lo que haga en su vida privada no era relevante mientras cumplía en lo público, lo privado le pertenece a la mujer y cómo no darnos cuenta de ello, si cada vez que una mujer intentó entrar en el mundo de la producción lo primero que se le cuestionó fue su rol privado como madre, como esposa, en fin como mujer, se le ridiculizó por no poseer gran entendimiento, gran intelecto, gran talento.

El mundo de la creación masculina era un club cerrado al cual no estábamos invitadas y si alguna lograba ingresar era bajo sus términos, lo que contempla aceptar opiniones sobre nuestra ropa, nuestro peinado y nuestro cuerpo, aceptar acosos, abusos e incluso violaciones, porque “así es el negocio querida”. Pero eso hoy se termina, ya no aceptamos que nos dividan, porque no somos seres escindidas partidas a la mitad, que me mate Descartes pero somos tanto cuerpo como pensamiento, somos tanto cuerpos como emociones, somos tanto emociones como intelecto y no andamos separando lo privado de lo público porque no tememos esconder nada, si queremos trabajar en lo que nos gusta lo haremos igual con o sin ustedes, seremos capaces de construir espacios en los que nos sintamos seguras y seamos capaces de desempeñarnos en un ambiente de respeto al otro sólo por ser. Pero ya no vamos a permitir ni vamos a encubrir más, porque estamos cansadas de hacerlo todo a su modo, porque si nos dicen que el negocio es así, entonces preferimos crear nuestro propio negocio en el que no sea así.

Finalmente vanagloriar a un individuo únicamente por sus creaciones es alabar a un dios porque sólo su iglesia es bonita y hoy en día si tengo que sacar a una de mis bandas favoritas de mi playlist porque son capaces de violar a sus fanáticas o dejar de ver una serie o una película porque uno de sus actores o productores o guionistas o, directores han sido capaz de acosar o abusar sintiéndose seguros de su lugar de poder, entonces lo haré, no lo pensaré dos veces. Por otro lado, me queda más espacio para descubrir a cosas que están haciendo mujeres hace rato y que no han sido catalogadas aún como genias del cine o de la literatura, me da tiempo de conocer más referentes que no están en lo hombre-blanco-europeo, referentes que han sido silenciados por miedo a ensuciar ese higienismo que las artes y la cultura han instaurado pero que no permanecerá tal como la conocemos.

 

Foto: Diario Correo Perú.

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